No sigas leyendo.

No sigas leyendo si eres un amante incondicional de la Doble Cheese burger, si te hacen los ojos chiribitas cuanto más sirope chorrea el McFlurry o pides doble ración de pan descongelado para mojar la salsa de las bravas.

Y si es así, puedes hacerlo para descubrir lo equivocado que estás al pensar que la opción contraria, la verde, la de los caralechuga, es para los caracoles, y que tú estás en un nivel por encima en la escala alimenticia, carnívoro de sangre y alma. Si te paseas por aquí a menudo, compartiremos contigo todo un mundo de sabores y colores con los que tu salud cardiovascular ganará años de juventud, ideas que te sacarán de muchos quebraderos de cabeza para salir del tomate y la pechuga a la plancha si has decidido cuidarte.

Pero no creas que este blog tiene algo de “dietario”, porque no nos gustan un pelo las dietas, y damos la espalda al recuento de calorías.  Son palabras que, de entrada, ya nos suenan feo. Nosotras confiamos en el equilibrio de nutrientes, en hacer caso al propio cuerpo, en darle caña porque estamos hechos para movernos y alimentarnos naturalmente, y en los caprichos que por supuesto nos hacen felices.

La vida es movimiento.

Amamos la forma de vivir de quien busca estímulo continuo, que huye de la monotonía, que no se queda quieto, que emprende, que sale cuando llueve para sentir la lluvia, que nunca se cansa de beber de fuentes nuevas, que absorbe hasta la última gota de cada experiencia, que se chupa los dedos cuando algo le gusta, y cocina cosas que jamás ha probado para apreciar sabores nuevos, que comparte siempre porque compartir es añadir un plus al momento.

Compartir un plato es hacerlo más grande, compartir algo que descubres es hacerlo un poco más tuyo, porque por contradictorio que suene, compartir es multiplicar x2, x3 o x1000 la experiencia, sea del tipo que sea, es crear un lazo.

Nosotras solemos hacer platos para dos.

Si te apuntas, podemos ser tres. Tenemos tenedores de sobra.

¡Al lío!

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